¿Y la República Amorosa?

Desde que llegaron al poder quienes decían ser la “Esperanza de México”, nuestro país se ha visto afectado; y no, no estoy diciendo que antes las cosas estaban bien o que los anteriores nos tenían “como Suiza”, sin embargo es notorio que la famosa 4T dista mucho de ser el paraíso terrenal que prometieron que sería en campaña. Evidentemente, yo no creí en ella, pero hubo 30 millones que sí.

Todos los días hay noticias de muertes, desapariciones, desempleo, escasez, recortes presupuestales, crisis ambientales, panoramas oscuros en el ámbito económico, etc. puras malas noticias, ningún acierto y lo único que atinan a decir quienes ahora nos gobiernan son excusas, justificaciones y chistes de mal gusto. Claro que todo lo que anteriormente mencioné ya sucedía, pero si se detienen a ver las estadísticas, nunca habíamos estado tan mal, incluso durante la famosa “Guerra contra el Narco” que encabezó Felipe Calderón, las cifras de violencia e inseguridad no eran tan alarmantes como las que se tienen ahora.

Aquí no se trata de partidos o preferencias, se trata de nuestra seguridad, de vivir en paz, de poder salir sin miedo a la calle. Durante éstos casi 6 meses de gestión, el nuevo gobierno no ha tomado una sola acción para solucionar la situación que se vive en el país. Se han limitado a evadir los cuestionamientos, a dar cifras que están totalmente alejadas de la realidad, a culpar a otros de lo que ahora es su responsabilidad y a descalificar a todo aquel que se atreve a señalar sus errores.

Es notorio que no tienen idea de lo que están haciendo, y no es de extrañarse, la mayoría de los funcionarios que están al frente hoy, no cumplen con el perfil para desempeñar su cargo o son conocidos políticos que, antes de ser ungidos por Andrés Manuel, fueron señalados por corruptos. No hay planes definidos, no hay políticas públicas ni protocolos que den pauta de lo que se debe de hacer para tener un México más seguro.

Durante años centraron su discurso en ofrecerle a la ciudadanía soluciones rápidas, se supone que a su llegada habría paz, estuvieron años acusando de asesinos y corruptos a los gobiernos que no podían con el paquete y ahora que por fin son gobierno, no se ve que tengan la intención, mucho menos la posibilidad de dar solución a nada. A veces quisiera compartir el optimismo y la fe que profesan algunos de los seguidores del presidente, sin embargo dudo mucho que pedirle a las madrecitas que hablen con sus hijos para que dejen de delinquir o militarizar el país por medio de la Guardia Nacional, sean estrategias que surtan efecto.

Parece que se les olvidó todo lo que en campaña prometieron, las redes están inundadas de declaraciones donde el presidente y varios de sus funcionarios exigían firmemente a los gobiernos anteriores que solucionaran los problemas de inseguridad y violencia, urgían a los presidentes a actuar con mano firme y a entregar resultados o simplemente les pedían renunciar a su cargo. Hoy que son ellos quienes están al frente “callan como momias” o se victimizan diciendo que quienes les exigen son los “que perdieron sus privilegios y quieren ver mal a México”.

Se han vuelto predecibles, un mal chiste, día tras día tienen que salir a justificar todo lo malo al extremo que el presidente tiene que ir a defender a Cuitlahuác o a Sheinbaum porque la violencia los sobrepasó ya y los ciudadanos comienzan a quejarse. Se preocupan más por cuidar su imagen y su ¨popularidad¨en vez de ocuparse, su visión es tan limitada que creen que por levantarse temprano ya están trabajando, se pasan los días tomándose fotografías limpiando letreros, comiendo garnachas, saludando a la gente o haciendo proselitismo en”marchas por la dignidad” dejando sus responsabilidades a un lado.

El primer semestre del 2019 se ha posicionado como el año más violento en la historia moderna de México y, aunque el presidente y su comunidad “cuatrotetiana” traten de negarlo, la realidad nos está golpeando duro en el rostro. El panorama no es alentador, todo indica que va a haber muchos balazos y pocos abrazos en el sexenio de MORENA. Ya ni siquiera por respeto a quienes votaron por ellos tratan de hacer algo, su ego y su resentimiento es más grande que el supuesto amor que dicen tener por México. Considero que los mexicanos merecemos más que excusas baratas y promesas inverosímiles, en lo particular, a mi no me interesa que mis gobernantes “me hablen bonito”, a mi lo que me interesa es que sean capaces de hacer su trabajo para así, en conjunto con la sociedad, construir un país seguro y próspero.

Querían hacer historia, pues ya la están haciendo, hasta el momento han sido el gobierno más inepto que hemos tenido.

Si tienen dudas respecto a las estadísticas, pueden consultarlo en la página del INEGI por medio de ésta liga: https://www.inegi.org.mx/sistemas/olap/consulta/general_ver4/MDXQueryDatos.asp?proy=

¿Y la Esperanza?

Durante 18 años, Andrés Manuel López Obrador dijo ser el único capaz de resolver los problemas de México, se encargó de recorrer el país y preparar el terreno para su llegada, se vendió como el mejor, como el “salvador”, como la “Esperanza”, durante ése tiempo, señaló ferviente e incansablemente todos los errores, atropellos y corruptelas de las administraciones pasadas, fue el eterno opositor, y supo aprovecharse de ello, supo redirigir el  hartazgo de los ciudadanos,  manipular su enojo y beneficiarse de él. Fue muy hábil sin  duda, su papel de víctima eterna lo desempeñó magistralmente, ganándose así el cariño de la gente que en algunos casos, llegó a extremos como el fanatismo.

El actual presidente supo decirle al pueblo lo que quería escuchar, le dio voz a sus reclamos, le puso rostro a los culpables, no importaba si eran rumores o hechos comprobados, AMLO les entregaba siempre a alguien a quien linchar, alguien con quien descargar sus frustraciones. Azuzó al pueblo, no hay otra palabra para describirlo, les enseñó a quien odiar, cuando odiarlo y como odiarlo.

En su afán de conseguir la silla presidencial les vendió la idea de que era posible un México utópico, les prometió que a su llegada  se terminaría la violencia, la corrupción, la inseguridad y la pobreza, como si con su sola presencia todo se solucionara. Les ofreció la posibilidad de tener venganza, ¿en contra de quién? de los políticos corruptos que tanto daño causaron al país y de quienes por esfuerzo o casualidad, llegaban a tener más que ellos.

Generó un ambiente de revanchismo y resentimiento social en donde impera la lógica binaria de:

Rico=Malo

Pobre=Bueno

Como si del dinero dependiera la calidad moral de una persona. Sembró la falsa creencia de que el que tiene más es por ladrón y ofreció la posibilidad de “hacerlo  pagar por ello” quitándole sus “privilegios”, no importaba si era producto del trabajo duro o si ésas riquezas se habían obtenido de manera legitima, lo único que importaba era “vengarse” porque tenían más.

Valiéndose de personajes como Benito Juárez y Zapata, retomó la premisa  de “primero  los pobres y los más vulnerables”, ofreciéndoles la posibilidad de una educación de calidad, un mejor servicio médico, mayores oportunidades laborales, más ingresos, mejor calidad de vida, mejoras en prácticamente todas las dependencias de gobierno, deshacerse de los lujos  que tenían los anteriores, les prometió ser honesto, incorruptible, austero, básicamente ofreció ser  ser todo lo que los otros jamás fueron. Y después de años de malos manejos y administraciones turbias, la gente le creyó, le terminó comprando su discurso cargado de resentimiento y mentiras.

Más de 30 millones de mexicanos cayeron en el juego de Andrés, lo votaron el primero de julio y lo legitimaron así en el poder. Muchos pensaron  que con su triunfo las cosas en México realmente iban a cambiar, que todo iba a ser mejor, incluso hubo quienes albergaron (y aún lo hacen) la idea de que iban a hacerse ricos sin trabajar, pero cuál fue su sorpresa cuando, al paso de los meses, AMLO no ha podido cumplir  nada de lo que les prometió. .

  • Ni seguridad
  • Ni paz
  • Ni educación de calidad
  • Ni más empleos
  • Ni mejor sistema de salud
  • Ni mejor calidad de vida

Nada de lo dicho en su eterna campaña se ha concretado, al contrario, las cosas parecen estar fuera de control, entre crisis ambientales, de medicamentos, de gasolina, de seguridad y violencia, polarización entre la población, gasolinazos, hasta amenazas de E.U.A., se ha vivido el primer semestre del gobierno de Andrés Manuel.

A mi parecer, un inicio de sexenio muy atropellado y poco transparente en donde se han dado  muchas excusas, pocas soluciones, proyectos inconclusos, leyes a modo, “errores de dedo” que benefician a unos cuantos, funcionarios incompetentes que sólo están ahí para obedecer lo que ordene AMLO y decisiones tomadas a capricho cuyas consecuencias resultan negativas para todos.

Muchos mexicanos se han visto afectados por esto y han alzado la voz, pero el presidente parece no escuchar, a menos que los reclamos ciudadanos sean más “fuertes” que las campañas de apoyo que desesperadamente lanzan en redes. Han sucedido tantas cosas negativas en tan poco tiempo que la esperanza de muchos se ha ido convirtiendo en incertidumbre.

López insiste en no responsabilizarse de nada, culpa a todos de sus errores y pretende seguir en su papel de opositor a pesar de haber obtenido la silla.Tal parece que éste gobierno enfoca sus esfuerzos en todo aquello que el presidente quiere, menos en lo que México realmente necesita.

El presidencialismo resurgió más fuerte que nunca y el culto a la imagen es el pan de cada día, algo muy similar a lo que ocurría en las épocas del PRIATO mas rancio, pero a mayor escala.